domingo, 30 de enero de 2011

Fernando Aguiar, Soneto digital

































Fernando Aguiar (Lisboa, Portugal,1956)

sábado, 29 de enero de 2011

Juan de Moncayo, Cómo se pasan, Lelio, las edades




























¡Cómo se pasan, Lelio, las edades,
sujetas al rigor de la inconstancia,
cuando del mundo, bárbara ignorancia,
desconoce terrestres potestades!

Funda sobre diversas voluntades,
de prósperos sucesos, la arrogancia,
y verás en su misma vigilancia
que todo es vanidad de vanidades.

Nace el sol; en el término de un día
muere y comienza el curso repetido
por la estación del cielo más serena.

Sólo a tanta mudanza mi agonía,
en el lóbrego centro del olvido,
anima el contrapeso de mi pena.

Juan de Moncayo y Gurrea, marqués de San Felices, fue un poeta español que nació en Zaragoza hacia 1615 y debió fallecer después de 1656.(Wikipedia)

domingo, 19 de diciembre de 2010

Salvador Novo, Los agoristas




















Agora, Agrajes dijo, habéis de verlo,
-o lo veredes, por mejor decirlo-;
y agorero voló tímido mirlo,
y Solón acudió para entenderlo.

¿Se apropincua Del Mar? Hay que dejerlo.
Si se desagua Mel, hay que exprimirlo;
¿de inanición delira?, hay que nutrirlo,
¡todo haremos por él!...menos leerlo.

Vértice metafórico, evadirlo
será mejor a tiempo que no birle
peso más al mortal que haya de oírlo.

Pues me encarga la gente de decirle,
ya que os habéis negado a comprendirlo,
que ese inmundo papel no ha de leírlo,

del aguapatos castellana chirle.


Salvador Novo (México, 1904-1974) era tan salvajemente libre en sus pullas que muchos de sus poemas circularon clandestinamente y llegaron al libro luego de la muerte de su autor, como es el caso de Sátira, el libro cabrón, publicado por la UNAM en 1978.
De más está señalar la prosapia con el Siglo de Oro español: las expresiones de la batalla entre la vega siempre llana y los culteranos aquí aparecen variadas, reinventadas y con un innegable sabor a deuda. Es notable que nuestra época, tan proclive al elogio desmesurado y al eufemismo, necesite invocar aquel lenguaje crudo para trazar un paralelismo con las cofradías del siglo XX en México.
Salvador Novo comprendió, mejor que muchos de su generación, que la íntima fuerza de las vanguardias radica en reciclar tradiciones.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Juan Bautista Arriaza, Perdí mi corazón






















Perdí mi corazón -¿lo habéis hallado,
ninfas del valle en que penando vivo?-
ayer andando solo y pensativo,
suspirando mi amor por este prado.

Él huyó de mi pecho desolado
como el rayo veloz, y tan esquivo
que yo grité: “Detente, ¡oh fugitivo!”
y ya no lo vi más por ningún lado.

Si no lo conocéis, como en un ara
arde en él una hoguera, y cruda herida
por víctima de Silvia lo declara.

Dadlo, por vuestro bien, que esa homicida
lo hizo tan infeliz que donde para
mi corazón, ya no hay placer ni vida.



Ayer,para lectura previa al sueño, lo vi y dije "sí, hace mucho que no los frecuento" y me puse a releer el tomo de la Biblioteca de Autores Españoles dedicado a poetas líricos del siglo XVIII, edición a cargo del académico Leopoldo Augusto de Cueto.
Me detuve en Juan Bautista Arriaza y Superviela (1770-1837). El por qué y qué decir de Juan Nicasio Gallego quedará para posterior post; está tronando y tengo que tomar el tren a Buenos Aires.
En breve caerá, como decía Borges, "la lluvia numerosa";así que llevo, bien protegido,mi equipaje de líricos dieciochescos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Borges, Una rosa y Milton





















De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
Quiero que una se salve del olvido,
Una sin marca o signo entre las cosas

Que fueron. El destino me depara
Este don de nombrar por vez primera
Esa flor silenciosa, la postrera
Rosa que Milton acercó a su cara,

Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
Deja mágicamente tu pasado

Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Javier Yagüe Bosch, Pasaré sigiloso por tu vida


















Pasaré sigiloso por tu vida
sin despertar al animal que duerme,
salvando de puntillas el inerme
cuerpo lejano que la noche cuida.

Pasaré como ignora la guarida
de vuelta el cazador, sin detenerme
a averiguar, sin que tú puedas verme
blandir el arma fría y homicida.

Pasaré como pasa la mañana
de otro domingo condenada a muerte,
tras la pared del cielo aprisionada;

pasaré por el vaho de la ventana
sin escribir en el cristal inerte:
me marcharé y no habrá cambiado nada.

[Publicado en la serie “Lo que pasa: ocho sonetos”, Abril (Luxemburgo), 28 (2004)]
Javier Yagüe Bosch (Madrid, 1963) es doctor en Filología Hispánica. Como traductor titular en instituciones de la Unión Europea y en las Naciones Unidas, desde 1993 se ha establecido en Luxemburgo, Nueva York y Bruselas, donde reside en la actualidad. Anteriormente, fue investigador en la Universidad de Florida y lector de español en universidades de Pekín y Grenoble. Además de artículos de crítica literaria y traducciones a partir de diversas lenguas, ha publicado los libros de poemas Memorial de los pájaros (1990), Los cuentos y los besos (1992), De la huida (1993, Premio Ciudad de Melilla), Podrás apenas abrazar la sombra (1994) y Formas de mirar (2001), así como las versiones de poesía china recogidas en Diez despedidas de la Dinastía Tang (1996).
Administra el blog http://montagnevide.blogspot.com.

Es un honor que Javier nos haya permitido reproducir aquí estos cuatro sonetos que, además de la referencia bibliográfica, se hallaban hospedados en
el blog de Pablo Jauralde Pou http://hanganadolosmalos.blogspot.com/.

Javier Yagüe Bosch, Tu cuerpo sabe a soledad y a trigo
















Tu cuerpo sabe a soledad y a trigo,
a la insistencia de la hierbabuena;
huele a la huella de la luna llena,
a la tierra que espera sin testigo;

cede al abrazo con que yo lo abrigo,
es en los dedos ecuación de arena;
al oleaje de la noche suena,
al último perdón del enemigo;

arañando mis ojos consumidos,
el paso mineral de su belleza
me deja sólo números dispersos:

se rompe así tu cuerpo en mis sentidos
y para componerlo en mi cabeza
de muy poco me sirve escribir versos.